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ELK: GUERRILLEROS, TERRORISTAS O MAFIA KOSOVO-LA COARTADA HUMANITARIA ELK: ¿guerrilleros, terroristas o mafia?

El Ushtria Clirimtare e Kosoves (UÇK) o Ejército de Liberación de Kosovo (ELK, en adelante) merecería por sí mismo un libro entero, no sólo por el papel central que ocupa en el origen, desarrollo, clímax y resolución del conflicto kosovar, sino por todo lo que gira a su alrededor. Conocer las múltiples conexiones e implicaciones del ELK permitiría disponer de todo un tratado de política internacional subterránea, algo en realidad difícil, pues la zona de sombra del ELK parece todavía demasiado tupida, y en ocasiones se confunden el rumor y la certeza. No obstante, parece haber bastantes destellos de luz como para hacer un acercamiento, insistimos, a uno de los elementos centrales de la crisis de Kosovo.



La rápida conversión del ELK de terroristas en guerrilleros -al menos en el lenguaje informativo y diplomático- no sorprende a nadie, pues es reflejo del apadrinamiento que los países interesados en el conflicto -no sólo la OTAN, como veremos- han ejercido sobre el ELK desde su origen. Apadrinamiento al que éste ha correspondido preparando el escenario óptimo para la intervención: introduciendo un componente de violencia armada, en primer lugar, que no tenía marcha atrás; llevando la situación a un punto insostenible; imposibilitando cualquier salida que no fuera militar; y actuando finalmente como infantería de la OTAN durante los bombardeos.

Aparte de las conexiones internacionales y mafiosas que comentaremos en seguida, debemos en primer lugar hacer un esfuerzo por deshacer el cliché creado en torno al ELK. Junto a la consideración del ELK como un ejército de liberación popular similar a movimientos como el PKK kurdo, o las FARC colombianas, se ha insistido en la idea de un grupo guerrillero surgido de forma espontánea, de pobres medios, desorganizado y conectado de alguna forma con el crimen organizado. De todo esto, lo único cierto es lo último, la conexión criminal; pero también debe ser comentada, pues da la sensación de que desde ciertos medios de comunicación y oficinas diplomáticas interesaba más que aparecieran como criminales antes que como agentes occidentales, lo cual sería más comprometedor. Iremos por partes.

En primer lugar, hermanar el ELK con toda una tradición de guerrillas populares y movimientos de liberación es un disparate intencionado. Su carácter popular y de liberación choca frontalmente con sus prácticas conocidas. El reclutamiento de combatientes, por ejemplo, no es precisamente voluntario. El ELK se beneficia de la estructura de clanes que domina a la población albanesa: ganando el favor de los jefes de los clanes, se asegura no sólo un buen número de hombres, sino también suministros y cobertura para sus acciones, cuyas consecuencias pagará siempre la población civil. Cuando no es suficiente la presión del clan, se recurre al miedo, la intimidación. La consigna habitual es: “O estás con nosotros, o quemaremos tu casa. Únete a tus hermanos”(37), como rezaba una octavilla distribuida en 1998 en los pueblos de la provincia.

Tampoco casa mucho con la imagen de un ejército de liberación todo lo que, antes y después del conflicto, hemos conocido de las relaciones del ELK con las redes de prostitución. Resulta extraño que aquellos que dicen pretender liberar a su pueblo son los mismos que convierten a una parte de este pueblo -las mujeres, sobre todo las más jóvenes- en esclavas sexuales, tanto en el propio Kosovo -los burdeles a disposición de la Kfor son hoy muy conocidos- como en el extranjero -incluso entre las refugiadas albanesas-. Se trata, con variaciones, de la misma “liberación” que aquellas otras guerrillas, igualmente musulmanas, introducen en otros países: la escuela del chador, de la negación de la existencia de la mujer como ciudadana, y muchos otros abusos amparados en una particular interpretación del Corán.

Igualmente, los territorios controlados por el ELK tras su ofensiva de 1998 conocen sus métodos: “en los pueblos liberados el ejército clandestino prohíbe todos los partidos políticos y ataca físicamente a las minorías serbia, zíngara y goran”(38). De sus ataques no escapan los propios albaneses, el pueblo al que se dice defender. Aquellos ciudadanos albaneses de Kosovo señalados por el dedo del ELK como “colaboracionistas” son hostigados y ejecutados sistemáticamente: trabajadores de la administración pública, propietarios de empresas que tuvieran relaciones comerciales con los serbios, políticos pronunciados a favor del diálogo con Belgrado, y periodistas, como Enver Maloku, colaborador cercano de Rugova y jefe del Centro de Información de Kosovo, cuyo asesinato, en enero de 1999, era atribuido al ELK por el diario Koha Ditore(39); o Alí Uka, periodista cercano al ELK aunque desde posturas críticas, y que apareció muerto en su apartamento de Tirana, en 1997, con la cara desfigurada por los golpes de un destornillador y una botella rota. Casualmente, Uka compartía apartamento con Hashim Thaqi, actual líder político del ELK(40).

La organización separatista no admite rivalidad en su propósito de convertirse en la única referencia política y militar en Kosovo, lo que le ha llevado a asesinar a albaneses cercanos a las tesis del LDK, amenazar de muerte al “traidor” Rugova y a sus colaboradores -entre otros, Fehni Agani, que durante el ataque de la OTAN aparecería muerto en circunstancias sin aclarar-, combatir posibles alternativas armadas -como el embrión de Fuerza Armada de la República de Kosovo (FARK), que tenía apoyo saudí, turco e incluso estadounidense, y que fue cortado por el ELK con el asesinato de Ahmet Krasniqi, encargado de su organización en 1998(41)-; pero también a ajustes de cuentas en el seno del propio ELK, en medio de luchas por el poder que han resultado en ejecuciones, palizas y torturas(42).

A pesar de la mucha confusión existente en torno al ELK, existen suficientes evidencias, y muchas más sospechas, como para cuestionar la identificación de sus intereses con aquellos de una guerrilla liberadora. Si el ELK ha servido a intereses extranjeros, no lo ha hecho gratis. A cambio, sus objetivos parecen lejanos a cualquier cuestión nacional, étnica, política o religiosa. Las conexiones entre el grupo albanokosovar y los clanes del norte de Albania, fieles al ex-presidente de Albania, el ultraderechista Sali Berisha, apuntan en otra dirección.

La creación de la “Gran Albania”, en que coinciden el ELK y Berisha, significa para ellos la ampliación de la Albania que ya instaló Berisha durante su paso por el poder: un estado mafioso y criminal, que se convierta en el centro del tráfico de drogas de Turquía hacia Europa, en estrecha relación con las empresas y bancos que lavan el dinero procedente de tan lucrativo negocio. La interrelación entre las bandas armadas del feudo de Berisha con el ELK parece plena en algunos episodios de apoyo mutuo, ya sea para el suministro y repliegue del ELK en territorio albanés, o para la comisión de atentados en la propia Albania según los intereses del ex-presidente del país.

La pista albanesa es fundamental en el crimen organizado en toda Europa, y no se limita al tráfico de drogas: incluye robos de automóviles, asaltos a empresas y redes de prostitución. La presentación que del factor crimen nos han hecho nuestros media ha sido “ejemplar”: en el contexto de la lucha “guerrillera”, la actividad criminal del ELK tendría un carácter meramente recaudador para su lucha nacional, en una imagen más cercana a “Robin Hood” que al delincuente al uso. Lejos de esta imagen, el beneficio criminal de las mafias albanesas excede las necesidades de la sola lucha armada. No se trata únicamente de ganar dinero para su lucha como de consolidar un dominio absoluto y a largo plazo sobre las estructuras criminales que operan en Europa.

Así, los albaneses de Kosovo controlan, según la Interpol, la mayor parte del tráfico de heroína en Suiza, Austria, Alemania, Hungría, Noruega, República Checa, Polonia y Bélgica(43). En España, el número de albanokosovares dedicados a actividades criminales ha crecido considerablemente. Según la Policía Nacional, más de 400 de ellos, organizados en grupos reducidos, se dedican al robo en polígonos industriales, y sus botines son enviados a Albania vía Alemania o Suiza(44). En apenas un año han asaltado 1.064 empresas en España, consiguiendo un botín de 2.558 millones de pesetas(45). Junto a las drogas y el robo, la prostitución constituye el tercer pilar de la acción criminal de los albaneses de Kosovo en Europa.

Cualquier espejismo de “Robin Hood” se diluye ante quienes, como hemos señalado, no dudan en obligar a prostituirse a sus propias compatriotas, especialmente entre las emigrantes y refugiadas de la guerra. El caso de Italia, donde los albaneses han quitado el control de la prostitución a la mafia calabresa en ciudades como Milán(46), o Bélgica, donde fue denunciada la presión sobre las refugiadas albanesas para prostituirse, y el capo albanés Victor Hoxha es “conocido como un proxeneta extremadamente violento que obliga a sus compatriotas femeninas a prostituirse. No duda en usar la tortura y utilizar a sus niños para presionarlas”(47).

Igualmente turbios son los orígenes del ELK, donde se mezclan por igual servicios secretos de varios países, organizaciones musulmanas, mercenarios, financiaciones dudosas,... Si bien resulta difícil relatar la historia del ELK con una mínima precisión, pues está rodeada de secretismo, sí se puede alcanzar una conclusión: frente a la versión de la OTAN, el ELK no surge espontáneamente como reacción natural a una situación de opresión, sino que forma parte de una estrategia internacional cuyo alcance desborda cualquier análisis; y tampoco se trata de grupos de campesinos desorganizados y mal preparados.

El punto de inicio del ELK es en realidad desconocido, situado por distintos autores en la primera mitad de los años noventa, más probablemente hacia 1993, creado a partir de grupos albaneses en el exterior, principalmente en Suiza y Alemania; y que inicia sus acciones terroristas en torno a 1996 -entre sus primeros atentados hubo varios contra centros de refugiados procedentes de Bosnia-. Sin embargo, hay cierta constancia de que al menos desde 1990 los independentistas albanokosovares recibían instrucción militar en Albania, y no de forma clandestina, sino en la Academia Militar “Skenderbej” de Tirana, según Agron D., ex-profesor de la cátedra de Investigaciones de dicho centro(48). Según esta fuente, los albaneses llegaban de Kosovo para recibir instrucción de los mejores profesores, en cursos de un mes de duración sobre el uso de diversos tipos de armas -pistolas, ametralladoras, lanzagranadas, morteros-. Entre aquellos primeros alumnos estaba Adem Jashari, que sería primer líder del ELK y moriría en enfrentamiento armado en 1998.

La conexión albanesa está muy presente en la génesis del ELK, no sólo por la permisividad de Albania para que su territorio fuera usado como retaguardia y campo de entrenamiento, sino con las relaciones existentes entre el ejército independentista y los servicios secretos albaneses desde los tiempos de Enver Hoxha, y reforzada durante el gobierno de Berisha. No es casual que en el primer “comité político” del ELK estuviera presente Xhavit Haliti, ex oficial del Segurimi -policía secreta de Albania-, y que posteriormente formaría parte de la delegación albanokosovar en la reunión de Rambouillet(49). La pista albanesa se sitúa igualmente en cuanto al grueso del armamento ligero utilizado por los independentistas en Kosovo, que procedería igualmente del saqueo de los arsenales albaneses durante la revuelta social de 1997, de los que desaparecieron dos millones de armas ligeras, tres millones y medio de granadas, más de un millón de minas y 3.600 toneladas de TNT(50); cifra que otros autores rebajan a unas 700.000 armas(51). No obstante, no se puede afirmar sin más que el armamento del ELK procede mayoritariamente de esta vía, pues en su mayor parte se trataba de armamento antiguo que no se corresponde con parte del armamento utilizado en los dos últimos años por el ELK, no sólo más nuevo, sino de fabricación distinta al existente en los arsenales albaneses.

Al contrario, la insistencia en el saqueo de 1997 como principal fuente de armamento sirve para desviar la atención sobre el resto de agentes que han impulsado y sostenido al ELK, ya que permite la ilusión de que se trataba únicamente de una cuestión albanesa entre albaneses. Nada de eso. Como ya ocurrió en Croacia y en Bosnia, a poco que se husmee aparece otra vez el rastro norteamericano y alemán, pero también otros que después veremos. La buena sintonía entre la administración norteamericana y el grupo terrorista -sólo en 1998 se produjeron media docena de encuentros secretos entre funcionarios estadounidenses y miembros del ELK en Kosovo, Suiza y Estados Unidos(52)- parece manifestarse en anteriores contactos a través de la CIA, que apostaría en Kosovo por la vieja estrategia seguida en Centroamérica, Afganistán y otras regiones: la creación de “ejércitos de liberación” financiados con dinero procedente del tráfico de drogas, según el modelo de Oliver North y la Contra en Nicaragua.

Pero en el caso de Kosovo destaca, con especial fuerza, la presencia alemana. Los servicios de inteligencia alemanes (el Bundes Narchrichten Dienit, BND en adelante), presentes en los Balcanes desde los años ochenta -y que jugarían un papel esencial en las guerras de Croacia y Bosnia-, refuerzan su presencia en Albania desde mediados de los noventa. “Las tropas de choque de los servicios secretos militares de Berlín (Kommandos Spezialkräfte) se encargan del entrenamiento operativo y suministran armas y material de transmisión sacados de las reservas de la ex-Stasi”(53). De hecho, buena parte de los uniformes y pertrechos del ELK pertenecen al desmantelado Ejército de la República Democrática Alemana, y al propio Ejército de la República Federal Alemana -no es anecdótico que cuando se produce la entrada de los primeros soldados alemanes de la KFOR en Kosovo, el teniente coronel Maximilian Eder exija al ELK que “retire de las hombreras de sus uniformes la bandera alemana”(54). Además, los separatistas albaneses cuentan con armamento que, como las armas anti-carro alemanas “Ambust”, sólo se pueden adquirir por vía oficial(55).

Otras vinculaciones señalan, entre los preparadores del ELK, a las fuerzas especiales británicas SAS -que durante los bombardeos facilitarían a los independentistas el uso de telefonía celular y satélite para guiar las misiones de la OTAN-(56); y, con una presencia destacada, la Military Professional Resources Inc.(57), compañía privada de mercenarios avalada por el Pentágono, y que ya tuvo un papel destacado en la preparación militar de la Armija musulmana antes de la guerra de Bosnia. Continuando con este juego de flechas que apuntan en tantas direcciones, la guerra de Bosnia, como la de Croacia, sirvieron para el bautismo de fuego de quienes posteriormente impulsarían la vía armada en Kosovo.

Es el caso de quien sería máximo responsable militar del ELK, Agim Ceku, que combatió en Bosnia y en Croacia, donde sirvió como general de brigada del ejército croata, y tuvo un papel destacado en la operación “Tormenta” que en 1995 permitió la limpieza de la Krajina con la expulsión de varios centenares de miles serbios que, como vimos en páginas anteriores, habían vivido allí durante siglos(58). Parece que Croacia y Bosnia no terminaron de agradecer a los albaneses su ayuda durante la guerra: varios camiones, con matrículas bosnias y croatas, fueron interceptados por la policía italiana el 12 de abril, en pleno bombardeo de la OTAN, en el puerto adriático de Ancona. Los camiones, cargados de armas, tenían como destino las bases albanesas del ELK(59). Igualmente, los separatistas de Kosovo habrían recibido apoyo financiero, armas y preparación del presidente bosnio Alija Izetbegovic(60).

Para enredar aún más la madeja, algunos autores apuntan al elemento islamista internacional, en lo que sería un intento por crear un eje Sarajevo-Ankara, vía Kosovo, Macedonia y Bulgaria, de influencia musulmana. En ese sentido, parece que Irán, en cercanía con la organización musulmana de Bosnia, desde 1997 venía prestando apoyo táctico, preparación y armamento moderno al ELK, a través de los Pasdaran, los Guardianes de la Revolución(61). La presencia iraní, junto a la presencia conocida en las filas del ELK de mercenarios procedentes de diversos países islámicos, e incluso terroristas a las órdenes de Osmane Bin Laden(62) -declarado como enemigo público número uno de Estados Unidos-, sacan a la luz una vez más las contradicciones del frente desarrollado en Kosovo, en el que Estados Unidos es capaz de estar al lado de sus supuestos enemigos; contradicciones que estarían igualmente presentes en el inestable Cáucaso.

extracto del libro "KOSOVO. LA COARTADA HUMANITARIA" - Aleksandar Vuksanovic, Pedro Lopez Arriba e Isaac Rosa Camacho ISBN 84-8218-039-8, Ediciones VOSA, S.L. junio de 2001

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